"Sé divertido y haz lo que quieras"

Entendemos el teatro de calle como una intervención directa en la cotidianeidad del espacio urbano, de la vida misma. Nos gusta provocar situaciones, emociones, sentimientos, alterar el orden y la función de las cosas... invadir el espacio personal de los demás (sin rebasar los límites de lo tolerable) buscando su reacción y reaccionando siempre en clave humorística.

Para conseguirlo utilizamos, además de los recursos de repertorio, un amplio margen de improvisación, es decir, aprovechamos cualquier estímulo externo y lo transformamos en un hecho cómico y teatral.

Estas intromisiones, que en condiciones normales podrían generar conflictos o percibirse como una agresión, funcionan en nuestro espectáculo justamente al revés, como una catársis colectiva, liberadora de tensiones. La calle no ríe a coro contra nadie, se identifica con la broma porque entiende que podría recaer sobre cualquiera.

No son los individuos concretos, sino el ser humano, nuestra común condición, lo que zarandeamos y parodiamos, estableciendo un clima indulgente y simpático en el que todos se rien de todos, empezando por sí mismos y donde incluso nuestras eventuales "víctimas" acaban por convertirse en nuestros cómplices y aliados.